Recordad que el nuevo blog sigue en http://www.elnumerosiete.es
viernes, 24 de agosto de 2012
lunes, 23 de julio de 2012
Reinicio
Para los que me habéis seguido en este blog, tengo una buena (o mala noticia).
Después de unos años, vuelvo a la carga.
A partir de ahora me podéis leer en el nuevo blog: http://el-numero-siete.blogspot.com.es/
Espero no decepcionar y que os guste mucho.
Después de unos años, vuelvo a la carga.
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domingo, 18 de octubre de 2009
A las 2:07
Nunca había sido dueño de su sueño, de hecho, siempre odió dormir, pero le sobrevino una intensa preocupación la séptima noche que sus ojos se abrieron a las 2:07 de la madrugada. Obseso por el tiempo, lo primero que podía ver al abrir los ojos, era la hora que mostraba el reloj que tenía colgado del techo y desde hacía siete noches, veía la misma hora, hora que comprobaba siempre con la docena de relojes de bolsillo que en su mesita conservaba, temiendo que el anticuado reloj se hubiera cansado de funcionar.
Aquella noche no lo comprobó, no se movió ni un centímetro y con los ojos recorrió la estancia. Su habitación, iluminada con la pálida luz de la luna que se escurría por el alargado ventanal apenas dejaba intuir los dos inmensos cuadros en las paredes y la chimenea apagada. Decidió moverse, decidió levantarse y salió de la inmensa cama. Desde sus pies partió un intenso escalofrío, al contacto de los mismos con el suelo, que le hizo estremecerse. Se puso las zapatillas y su bata, cogió la pipa y se asomó por la ventana. Nada, no había nada ni nadie y la intensa niebla sólo permitía un pequeño tramo de la calle donde vivía y de la calle perpendicular, que se encontraba justo con su casa. En una de las esquinas había un bar, cerrado ya a aquellas horas, y en la opuesta, la barbería donde solía afeitarse.
Presionó el tabaco, y mientras encendía una cerilla oyó algo. Pasos en la calle. Por la derecha de la ventana, de entre la niebla, apareció una pálida muchacha, descalza y medio desnuda corriendo. Iba envuelta en una especie de túnica y podía ver uno de sus pechos al descubierto botar al ritmo de su carrera. Su rizado cabello dorado fue lo último en desaparece con ella en la niebla de nuevo, por la parte izquierda de la ventana.
Todavía con ojos de perplejidad y aspirando fuertemente de su pipa, apareció un perro, en sentido totalmente opuesto al que llevaba la dama, perseguido por un niño, descalzo también, pero moreno, o sucio, y con una tremenda sonrisa en la boca.
Cuando ya hubieron desaparecido, y en lugar de risas y ladridos sólo escuchaba el crepitar del tabaco, pudo ver una sombra tambaleándose entre la niebla, por la calle perpendicular. Un señor con capa y sombrero de copa.
Continuará...
Aquella noche no lo comprobó, no se movió ni un centímetro y con los ojos recorrió la estancia. Su habitación, iluminada con la pálida luz de la luna que se escurría por el alargado ventanal apenas dejaba intuir los dos inmensos cuadros en las paredes y la chimenea apagada. Decidió moverse, decidió levantarse y salió de la inmensa cama. Desde sus pies partió un intenso escalofrío, al contacto de los mismos con el suelo, que le hizo estremecerse. Se puso las zapatillas y su bata, cogió la pipa y se asomó por la ventana. Nada, no había nada ni nadie y la intensa niebla sólo permitía un pequeño tramo de la calle donde vivía y de la calle perpendicular, que se encontraba justo con su casa. En una de las esquinas había un bar, cerrado ya a aquellas horas, y en la opuesta, la barbería donde solía afeitarse.
Presionó el tabaco, y mientras encendía una cerilla oyó algo. Pasos en la calle. Por la derecha de la ventana, de entre la niebla, apareció una pálida muchacha, descalza y medio desnuda corriendo. Iba envuelta en una especie de túnica y podía ver uno de sus pechos al descubierto botar al ritmo de su carrera. Su rizado cabello dorado fue lo último en desaparece con ella en la niebla de nuevo, por la parte izquierda de la ventana.
Todavía con ojos de perplejidad y aspirando fuertemente de su pipa, apareció un perro, en sentido totalmente opuesto al que llevaba la dama, perseguido por un niño, descalzo también, pero moreno, o sucio, y con una tremenda sonrisa en la boca.
Cuando ya hubieron desaparecido, y en lugar de risas y ladridos sólo escuchaba el crepitar del tabaco, pudo ver una sombra tambaleándose entre la niebla, por la calle perpendicular. Un señor con capa y sombrero de copa.
Continuará...
jueves, 24 de septiembre de 2009
Fechas
"Y llegó el 24, 24 de Septiembre, para ser exactos. Una fecha más,la cual a nadie importa, quizás, a quien naciera en ella, pero seguro que es un grupo reducido. Es una fecha, sin más, a nadie le dice nada, ni siquiera a mí. Recuerdo, perfectamente sin embargo, el 24 de Agosto de cierto año, mi primer beso, el que siempre se recuerda. Y recuerdo, también el 24 de Octubre de aquel mismo año, en el que descubrí quién sería el amor de mi vida. Por mucho que me gustara el primer beso, exótico a la par que tierno y por mucho que rompa mi pecho el corazón por la mujer que me hechizó aquel 24 de Octubre, siempre pienso en el 24 de Septiembre. No es que piense todos los días del año, pero pienso en fechas importantes y me viene ella a la cabeza. No pasó nada. Absolutamente nada. Un día más. Pero lo que me preocupa es el vacío, el vacío que contuvo esa fecha, entre dos fechas sin igual. Lo que me preocupa es que mi vida se convierta en un 24 de Septiembre. Lo que quiero es que mi 24 de Octubre sepa que le necesito, para poder salir de este Septiembre. De momento esperaré, quizás Noviembre llegue antes este año y Octubre no suponga un dolor tan grande cuando lo arranquen."
Extracto de: La vida de un Calendario: "Dolor por un arranque de hojas".
Extracto de: La vida de un Calendario: "Dolor por un arranque de hojas".
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miércoles, 16 de septiembre de 2009
Mi primer libro
Pues sí, he decidido publicar mi primer libro, con recopilaciones de lo que aquí habéis visto, lo he maquetado con la ayuda de Jayto, pero lo he cortado, montado, tapas yo solito. Sólo he hecho un ejemplar, y no lo he vendido, lo he regalado, así que vaya publicación, ¿eh? pero bueno, a mí me ha hecho mucha ilusión hacerlo, así que os dejo algunas fotos del montaje, y de cómo ha quedado. Para ampliar las imágenes sólo hay que pulsar sobre ellas.

miércoles, 19 de agosto de 2009
Las Clavíneas y su efecto.
"Lo siento... pero es que no podía esperar. Hace dos noches subí al Cid. A mí no me importa subir de noche, puedo andar sus sendas de memoria, podría subir hasta con los ojos cerrados y conozco tan bien sus tupidos lomos, que no me costó casi nada encontrar las Clavíneas. Muy poca gente las conoce, lo mejor que tenemos en el Valle y casi nadie lo conoce, son unas pequeñas flores, blancas y con forma de campanita que brillan de una a la luz de la luna en verano. Como te dije no me costó casi nada encontrarlas y arrancarlas tampoco, no te creas que todo el mundo puede cogerlas ¿eh?, hay que decírles para qué las vas a usar, por eso, en cuanto les dije que era para hacer el hechizo, se desprendieron suavemente del suelo. ¡No me digas que tampoco conoces el hechizo! Desde luego, se puede vivir tanto tiempo en este Valle y conocer tan pocas cosas... ¡esto es mucho mejor de lo que te piensas! Es un hechizo de amor, y... ¡de los más efectivos! Lo que hay que hacer es subir la noche siguiente a la de conseguir las Clavíneas a Bolón, por la parte difícil y con una cacerola. Cuando estás en la cima y mientras el valle brilla, prendes un fuego y calientas agua hasta que hierve, entonces, echas las Clavíneas que se deshacen y empiezan a crear un caldo de mil colores, muy brillantes, hasta que se queda del todo blanco. Debes de beber un trago en ese momento, y darle todo al día siguiente a la persona que quieres conquistar. ¿Que por qué te cuento esto? ¡Fuiste tú la que me preguntaste por qué insistí tanto en invitarte a una horchata!"
Pequeña tontería de noche en vela :-3, perdón por actualizar tan poco a poco :).
FOTO: Ravel
lunes, 27 de julio de 2009
Alfredo Capirote en el bosque

"Lo siento pero es que me pareces un personaje de ciencia ficción, quiero decir, de fantasía, sí, de fantasía más bien, porque cuando te veo, al instante estoy en un bosque, en un bosque de los de árboles grandes y retorcidos. Tus orejas tienen punta, ¿lo sabías?, eres el hada más bonita que he visto nunca y por donde pisas salen florecillas. Hueles muy bien, hasta veo faunos que tocan hermosas melodías al tenerte cerca. Sí, ya sé que los faunos dan un poco de mal rollo, pero con otra gente veo cosas peores, ¿eh? no te asustes... pero es que me haces volar, basta con que digas un par de palabras bonitas. ¿Sabes cómo acerté con las flores? Me lo dijeron unos duendecillos que viven contigo en el bosque, ¿loco?, espera no, igual sí que estoy un poco loco, ¿he dicho un poco?, ¡un mucho! y en parte es por ti, que sí, por ti, no, no, no te vayas, sólo te pido que te quedes cerca de mí, me gusta este bosque, te prometo que no tocaré nada y que no hablaré con los duendecillos, aunque les iba a preguntar por tu color favorito..."
El torpe de Alfredo Capirote, el hombre que le hacía fotos a los chicles del suelo, enamorándose.
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martes, 21 de julio de 2009
La isla suelta. Capítulo 1. La cabeza rota II
No dijo nada, tan sólo se vio salir a una tímida lágrima de sus ojos que a su paso fue recogiendo la ceniza que manchaba su cara. No dejaba de mirarla, su tragedia era mi tragedia, sin duda y su aparencia la reflejaba con total perfección. Su preciosa cara me hizo recordar el día que la conocí, era muy hermosa, mucho más que ahora, sin suciedad, sin tristeza en sus ojos y sin duda alguna, sin haberme conocido, pero entonces aparecí. Cuando la ví por primera vez, junto a su amiga, Debra, prácticamente ni la miré. Me enamoré locamente de Debra, porque yo soy así, aunque ese enamoramiento duró muy poco, nada en realidad, unos días, porque, yo soy así. Cuando lo de Debra pasó, empecé a fijarme en ella, me maravilló su piel, sus ojos negros, oscuros como la noche, pero sobre todo sus labios, porque la primera vez que reparé en ellos, sentí una punzada en la nuca y un hormigueo por toda la cabeza, como cuando sientes que la has cagado.
Como ya dije, yo pienso rápido, demasiado y ví nuestro amor demasiado rápido también, demasiado, tanto que casi la asusté y estuvo a punto de huir de mí, pero yo, insistente en mi meta, conseguí conquistarla y me costó mucho, muchísimo tanto que casi me cuesta la vida, porque desesperado, ya no sabía qué hacer ni qué decir, y yo que siempre era capaz de solucionarlo todo me sentía pequeño, inútil, al no poder lograrlo y me atormentaba.
Flores, ésa fue la solución, millones de flores de jazmín formando un te quiero en una tela de fieltro que compré y que con cierta habilidad colgué muy cerca de su ventana durante la noche, el olor a jazmín entró por su ventana y le hizo despertarse y ver mi obra.
Ciento treinta y siete días, ventitres horas, cuarenta y siete minutos y un segundo tardé en conquistarla, lo gracioso, lo divertido del caso es que había jurado que el día ciento treinta y ocho abandonaría, lo gracioso también, es que lo había probado todo, desde fuegos artificiales hasta un burro que silbaba, y sin embargo, la tontería más grande del mundo, flores en una tela de fieltro fue cómo lo conseguí. Y lo peor, lo peor de todo es que nunca sabré por qué.
domingo, 19 de julio de 2009
La isla suelta. Capítulo 1. La cabeza rota
-¿Puedes levantarte?- preguntó, mientras vertía su sucia y desdentada sonrisa sobre la dantesca escena.
Me encontraba en el suelo y de mi cabeza emanaba un diminuto riachuelo de sangre, suficiente para haber creado un pequeño charco, en aquel largo paseo marítimo. Las tenues luces iluminaban la escarpada costa donde se encontraba el paseo y formaban una extensa hilera que se perdía en el horizonte. Me levanté sujetándome a la barandilla y me apoyé en él para caminar, por mucho que me jodiese que un viejo me ayudara. Cogido a su brazo caminamos dirección a casa y en todo el camino no cesó de reírse, sin decir ni tan sólo una palabra por fortuna mía, era un señor muy mayor ya, el poco pelo blanco que le quedaba formaba remolinos en su cabeza y su piel oscura se plegaba en su cara por todos rincones. Cuando llegamos a casa, subió corriendo a su habitación, como si fuese un chaval, y yo fui a curarme mi herida, cambar mi ropa y cuando acabé me senté a la mesa.
Nicole parecía mucho más vieja de lo que era, y seguramente, la culpa era mía. Su desgreñado pelo y aquel viejo delantal también eran culpables de su prematura vejez, aunque su piel luchara contra ello manteniéndose lo más firme que podía. A mí me encantaba su piel, que excepto en sus manos, por todo aquel trabajo que hacía, era suave, tersa y morena y desprendía el olor más delicioso que jamás había sentido.
En la calle hacía mucho frío, pero ella, había preparado un fuego en la cocina, donde me calentaba un caldo, que más tarde vertió en un cuenco y lo depositó delante de mí en la mesa. Se sentó frente a mí en la mesa y me ofreció una cuchara. Empecé a tomar la sopa con celeridad, llevaba bastante tiempo sin comer; yo no comía mucho, me aburría.
Su expresión indicaba cansancio, sus ojos les pesaban tanto que parecía que se lanzaban hacia sus labios, secos, agrietados, que llevaba tiempo sin besar. Aquella mujer había prometido amarme toda su vida, y parecía estar arrepintiéndose por completo. Con una voz que transmitía una gran indiferencia y con sus brillantes ojos a punto de escupir lágrimas de tristeza dijo:
-Papá me ha dicho que te ha encontrado en el paseo, te subiste a la barandilla y te dejaste caer de espaldas.
Yo no recordaba nada de ello, a excepción del viejo loco ayudándome, sin embargo me pareció un acto muy propio de mí. Me encogí de hombros y seguí comiendo.
-Estás siempre igual.
Insistía en hablarme, no entendía el por qué, pero lo hacía, así que quise esforzarme, para ser justo y abrí la boca, y no para comer, y le dije:
-Sabes perfectamente por qué lo hago.
-Tú y tu estúpida idiotez de intentar volverte más tonto-dijo mirándome a los ojos- y de lo que no te das cuenta es que eres gilipoyas perdido.
Su voz no se alteraba nada, parecía que ya se había acostumbrado a lo que ella había llamado, una extravagancia de genio al principio, y una idiotez de loco, después de haberlo intentado más de cien veces.
-Lo que no sé es cómo no lo has conseguido ya, eso o matarte, pero me parece que no vales ni para conseguir abrirte la cabeza.
Estaba claro a lo que se refería y parecía que iba a volver a llover un torrente de razones que ella argumentaba para intentar hacerme trabajar, trabajar en cualquier cosa, como si yo pudiese hacer cualquier cosa.
-No me entiendes- le dije- y antes, al menos lo intentabas. Pero es que mi mente, no funciona como la de los demás. Y aunque no me creas, no me siento orgulloso de ello. Nunca has estado dentro de mi cabeza, y la verdad, no te lo recomiendo. Pienso demasiado, y demasiado rápido, y por ello sufro y también es demasiado. Siento ser egoísta, no te odio, te quiero más que a nada en el mundo, pero tengo que sacarme ciertas cosas de la cabeza y si tiene que ser a base de golpes, así será. Y si muero, descansaré yo y descansarás tú. Y pienso, y pienso, y pienso tanto, tanto, y en parte es en ti, en tú piel, que está grabada a fuego en mis ojos y en un pedazo de tu sonrisa que tengo guardada en mi corazón y que no he vuelto a ver dibujada en tu cara. No seas infeliz, déjame eso a mí, que se me da bien.
Continuará.
martes, 7 de julio de 2009
Arena
Pues el otro día, estuve en la playa, de noche, con la vista más bonita del mundo delante de mí y el agua corriendo entre mis pies. Sentado en la orilla miraba el faro, que marcaba el ritmo de una sinfonía que nadie escuchaba, excepto yo, o eso quería creer. De pronto, un señor desnudo y con una importante barriga, se sentó a mi lado, hizo hueco con su culo y cogiendo algo de arena con sus manos, me dijo:
-¿Tú sabes quién se solía sentar ahí?
Y yo que había perdido los párpados después de verlo venir y sentarse, no contesté.
-Todas las noches, se sentaba ahí, un tipo que convertía todo lo que tocaba en arena, menos el agua y la propia arena, así que, pasaba su vida en la playa, haciendo esculturas y agujeros, los más grandes que jamás yo haya visto. Se sentaba ahí todas las noches y veía el ligero balanceo de una boya, que estaba lejos, muy lejos. Su vida transcurria tranquila, hasta aquella noche, aquella noche en la que apareció ella. Iba con un bonito vestido de playa y descalza, vestido que se quitó, dejó sus cosas en la arena y se tiró al mar, y nadó y nadó hasta la lejana boya. La chica se quedó allí, en la inmensa boya, observándole hasta que amaneció y volvió nadando a la orilla. Esto se repitió durante más de una semana, hasta que de pronto, un día, la chica le invitó a unirse, tendiéndole la mano. Él que no quería tocarla, le ignoró y de nuevo pasó una semana de la misma forma, sin embargo, algo iba cambiándo dentro de él, su deseo por acompañarla y su deseo por tocarla, aunque tan sólo fuese su mano.
Una noche llegó la chica, y él no estaba. A la noche siguiente, la chica llegó y el chico le esperaba con una barca, le dijo que le acompañaría a la boya, pero que debía ser en aquella barca, "¿Estás tonto? ¡Es una barca de arena! ¡Se deshará en cuanto toque el agua!" le dijo, dejando al chico con su barca y remos de arena, y esperándole en la boya. El chico no pudo más, y se lanzó al mar, nadó y nadó hacia la boya y la tragedia llegó. Exhausto, no podía apoyarse en la boya, no debía, y cada vez podía sustentarse menos, la chica le gritaba que se sujetase, le preguntaba que qué hacía, y ella no entendía nada, cuando no pudo más, empezó a hundirse, y la chica se lanzó a por él, a cogerlo. La chica se convirtió en barro, se deshizo y se hundió, como la boya, donde trató de sujetarse, para al fin tener que dejarse flotar, y dejar que la marea le llevará a la orilla. Llorando, cubrió las ropas de la chica de arena e imitó su forma con la arena encima de ellas, debatiéndose, rompiéndose por dentro, por el dolor de su muerte y por el placer de su tacto, que no duró más que un segundo, pero suficiente para ser lo mejor que jamás había sentido.
-Eso es muy trágico, por suerte, será una leyenda ¿no crees?- le dije.
-Lo que yo crea no importa- dijo levantándose con el culo lleno de arena.
-¿Por qué vas desnudo?-le solté sin más.
-Porque cuando conviertes las cosas en arena, tampoco puedes llevar ropa-y se fue caminando hacia el faro.
Día 1: La noche que hubieron dos lunas llenas I
"Sufro el desgarro más hiriente cada noche, yo, que imagino, imágenes nítidas, realidades perfectas, a medida, donde disfruto de besos y caricias, de éxito, de aire bajo mis pies o incluso de un mar rojo, lo sufro cuando abro los ojos sin parar por el calor, los insectos y mi cuarto, mi cuarto cada vez más vacío, como todo, porque el vacío tiende a llenar. Me muevo pero no pienso, una luz roja y el silencio que pese a ser un buen compañero de cama, a veces me insulta y me hace gritar. El gesto se repite y vuelta a empezar, una y otra vez, hasta que me dejo llevar a un lugar donde nada importa.
Y en aquel lugar estuve, hasta que entró aquel gato, aquel gato negro que con con sus ojos amarillentos y brillantes miraba desde el escritorio. Había entrado por la ventana, y se había ido a recostar sobre mis partituras, en las que había trabajado toda la tarde, hasta el atardecer, aquel atardecer que había perdido. El gato auguraba que aquella noche la perdería también." - M.O.
Y en aquel lugar estuve, hasta que entró aquel gato, aquel gato negro que con con sus ojos amarillentos y brillantes miraba desde el escritorio. Había entrado por la ventana, y se había ido a recostar sobre mis partituras, en las que había trabajado toda la tarde, hasta el atardecer, aquel atardecer que había perdido. El gato auguraba que aquella noche la perdería también." - M.O.
domingo, 5 de julio de 2009
O no
Que también puede ser, no cerramos, por el momento, he arreglado algunas cosillas que no me gustaban, y por el momento me quedo por aquí, después de mucho darle vueltas... ¡Seguimos!
viernes, 3 de julio de 2009
Cerramos
Cerramos, y no por vacaciones, por un tiempo indefinido, este blog se ha acabado, no para siempre, pero sí aquí y con este aspecto, pronto os avisaré de dónde estará el nuevo blog, ha sido un placer teneros como lectores, espero que lo que estoy preparando os guste tanto o más que lo que ya hacía :)
miércoles, 24 de junio de 2009
Noche de San Juan
Quería conquistaros con unas letras mágicas en esta noche, pero después de varios intentos, pude darme cuenta de que no podría competir con una noche así. Aunque no creas en nada, aunque la magia te parezca una tontería, déjate llevar y piensa que todo es posible, una noche, por lo menos y sorpréndete a ti mismo encendiendo una vela, pidiendo un deseo, bañándote en el mar, haz lo que quieras, por una noche, piensa que hasta los duendes existen y pídeles, pídeles lo que quieras y acuéstate con una sonrisa en la cara y deja que tus sueños hagan el resto.
Os recuerdo que este Blog lo leen muchos duendes, ¿algún deseo?
lunes, 22 de junio de 2009
Calla
Tan bonitos los ojos
que están cubiertos por el cielo
tan bonitos tus labios
bendecidos por un cáliz de fuego
tan bonitos los versos
del poeta que muere callado.
Y tan bendita tu suerte
de ser amada, de ser amada
amante que hasta la muerte
reza, pide, ruega y reclama.
Tan lejos está tu alma
y por esto muere el poeta
tan poca noche calma
y tanta noche en vela.
Y tan maldita su suerte
poeta que muere, yace
poeta muerto por no verte
corazón que ya no late.
Fer
que están cubiertos por el cielo
tan bonitos tus labios
bendecidos por un cáliz de fuego
tan bonitos los versos
del poeta que muere callado.
Y tan bendita tu suerte
de ser amada, de ser amada
amante que hasta la muerte
reza, pide, ruega y reclama.
Tan lejos está tu alma
y por esto muere el poeta
tan poca noche calma
y tanta noche en vela.
Y tan maldita su suerte
poeta que muere, yace
poeta muerto por no verte
corazón que ya no late.
Fer
El día más largo...
...y la noche más corta. Es lo que acabamos de vivir. ¿Y qué hay de malo en que las noches sean más largas, si es cuando se sueña?. La maldita manía que tenemos de acercarnos un poquito al sol, supongo que es herencia de los antepasados, para que recordemos que no todo son sueños y que, a veces, nos podemos quemar, como Ícaro. Yo pienso mucho en Ícaro, y en Platón, sobre todo en Platón, pero a quién más tengo presente es a Niestzche, pero eso es desviarme del tema. El Sol, que sale del mar secándose con una toalla, es un amante peligroso, te da lo que necesitas para vivir, pero si te acercas mucho, si lo miras mucho, si te mira mucho, puede matarte. La Luna sin embargo, siempre calladita.
jueves, 18 de junio de 2009
Cocos en Artuba

Os voy a contar cómo conocí a aquel hombre que vivía de cocos.
Cuando llegué a la Isla de Artuba, donde el verano es permanente, en el momento que puse el pie en tierra, se acercó él, con medio coco en cada mano y me dijo:
-¿Te hace un coco, Jano?
-No me llamo Jano-le dije.
-¡Yo tampoco!
Me dio el medio coco y empezó a reírse, y yo empecé a pensar que no debía estar muy bien de la cabeza y que, en una isla tan grande, vaya mi suerte, la de encontrarme con el loco de la isla.
-¿Te gusta el verano, Jano?
-¡Que no me llamo Jano!
-¡Y yo tampoco!, pero dime, ¿te gusta el verano Jano?
A lo que yo, que había ido a la isla a vender mi colección de miniaturas de monumentos hechos con palillos pegados con cariño a un señor que le había interesado, y pensaba pasar un tiempo allí por tener algo de descanso, las maquetas de palillos son más cansadas de lo que creéis, no porque el verano me gustara.
-La verdad es que no, no mucho.
-Pues mira Jano, haz todo lo que hayas venido a hacer a la isla, y después búscame en el cocotero más alto de la isla, que te estaré esperando.
Y salió corriendo con sus pies descalzos.
Una vez había cobrado aquella inmensa suma de dinero por mi grandioso trabajo, y habiéndome acomodado en la cabaña que tenía por hotel, fui a buscar a aquel hombre.
Caminé hacia la playa, que por lo que pude ver, era la zona donde los cocoteros eran más altos, y al cruzarme con un señor inmenso, le quise preguntar.
-Perdona, busco a un tipo que llama a todo el mundo Jano.
Me dió una sonora bofetada y dijo:
-¡Ni se te ocurra volver a llamarme Jano!
Yo, que tenía la cabeza más pequeña que su mano y acababa de perder con la bofetada las dos muelas del juicio que me quedaban, le pregunté:
-¿Y qué coño es un Jano?
Me dio otro bofetón y dijo:
-¡Una mierda como la palma de mi mano!- y siguió su camino.
Dándome cuenta del tamaño de la mierda que suponía un Jano, y desesperándome por estar en aquella isla de locos, aunque con un gran gusto por el arte de los palillos, seguí buscando a aquel estúpido tipo.
Fue fácil encontrar el cocotero más alto, me acerqué a él y no vi a nadie, sin embargo oí desde arriba:
-¡Jano! ¡Aquí!
Y cuando miré, me dio un coco en toda la cabeza y caí desmayado.
Desperté de pie, con el mar por la cintura, desnudo y con una orilla llena de chicas a mis espaldas, me giré con cuidado de no descubrirme y en la orilla también estaba aquel inútil.
-¿Qué coño has hecho?- le dije.
-¡Vas a aprender a disfrutar del verano! Estoy seguro de que no saldrás de ahí hasta la noche, y podrás disfrutar del aire, del mar, de sus peces de colores, del hermoso atardecer y de estas hermosas chicas que estarán bien atentas por si se te ocurre salir.
Y fue por aquel tipo, que aprendí a pensármelo antes de decir que no a algo y a querer, a la fuerza, al verano.
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miércoles, 17 de junio de 2009
Un atardecer que no acaba
-Lo que me preocupa, lo que realmente me preocupa es la soledad del alma, y las almas que se pierden, como la mía.
-Tu alma se ha perdido, pero no está sola, hay más almas hechas de lo mismo que la tuya y que son prácticamente iguales, quizás no las encuentres por mucho que viajes, pero sin duda están ahí, y tu alma no está sola, debes de olvidarte de que tu alma es única y dejar de atormentarte.
Y tras decir esto, cogió una naranja, se la comió entera, dejó el cesto allí y se marchó.
-Tu alma se ha perdido, pero no está sola, hay más almas hechas de lo mismo que la tuya y que son prácticamente iguales, quizás no las encuentres por mucho que viajes, pero sin duda están ahí, y tu alma no está sola, debes de olvidarte de que tu alma es única y dejar de atormentarte.
Y tras decir esto, cogió una naranja, se la comió entera, dejó el cesto allí y se marchó.
martes, 9 de junio de 2009
Y un atardecer....
...en Junio, en uno de aquellos magníficos viajes, para los que mi madre no me trajo al mundo, que visité las playas del Mar de Saki, y me senté a los pies de uno de aquellos árboles que daba limones de chocolate a ver como el sol se hundía en sus aguas. Y mientras allí sentado me encontraba, una figura se acercó y decidí no mirar y seguir pensando en qué le habría llevado al sol a meterse en el mar. Cuando estuvo cerca, dejó en el suelo una cesta, una cesta llena de naranjas, y aquello fue lo único que vi, pues mientras aquel ser se sentaba junto a mí, yo volvía la mirada de las naranjas al sol. Poco tardó en abrir la boca y descubrir su voz de mujer, que con un arranque de indómita inteligencia decidió decir:
- No te preocupes, no se moja.
Y con una entera convicción por no quedarse en las puertas de mi mente y adentrarse en el manglar que forman mis pensamientos, continuó rompiendo el silencio:
-¿Qué te preocupa?
Y dudando, de que aquella persona hubiera adivinado con tal celeridad, que si viajo es para pensar, y si pienso es porque algo me preocupa, decidí contestarle:
-Me preocupan tus naranjas, y lo que dentro contienen, porque este árbol concede limones, pero por dentro están rellenos de chocolate.
-¿Por qué no pruebas una?
Seleccioné una del montón, y la mordí y al atravesar su piel, el intenso sabor del hierro, y un engranaje que de ella asomaba hizo que escupiera lo mordido.
-¿Y qué es lo que tu curiosidad- dijo- además de hacerte morder engranajes y chocolate, hizo que te preocupe?
Continuará...
- No te preocupes, no se moja.
Y con una entera convicción por no quedarse en las puertas de mi mente y adentrarse en el manglar que forman mis pensamientos, continuó rompiendo el silencio:
-¿Qué te preocupa?
Y dudando, de que aquella persona hubiera adivinado con tal celeridad, que si viajo es para pensar, y si pienso es porque algo me preocupa, decidí contestarle:
-Me preocupan tus naranjas, y lo que dentro contienen, porque este árbol concede limones, pero por dentro están rellenos de chocolate.
-¿Por qué no pruebas una?
Seleccioné una del montón, y la mordí y al atravesar su piel, el intenso sabor del hierro, y un engranaje que de ella asomaba hizo que escupiera lo mordido.
-¿Y qué es lo que tu curiosidad- dijo- además de hacerte morder engranajes y chocolate, hizo que te preocupe?
Continuará...
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Noche de Junio que llama
Perdóneme la poesía.
Fueron tus letras las que me sedujeron,
fueron tus miradas las que me encarcelaron
y tus sonrisas,tus sonrisas las que me quemaron.
Pude verte y no quise,
quiero verte y no puedo
quiero hablarte y no sé,
y por no saber no sé ni amarte.
Pero por rogar, pido, deseo
que las rosas florezcan,
y las mariquitas vengan
y las mariquitas se queden.
Y si el violeta nos cubre, llámame
y si la noche te aburre, acuérdate
porque allí estaré,
porque aquí te esperaré.
Fueron tus letras las que me sedujeron,
fueron tus miradas las que me encarcelaron
y tus sonrisas,tus sonrisas las que me quemaron.
Pude verte y no quise,
quiero verte y no puedo
quiero hablarte y no sé,
y por no saber no sé ni amarte.
Pero por rogar, pido, deseo
que las rosas florezcan,
y las mariquitas vengan
y las mariquitas se queden.
Y si el violeta nos cubre, llámame
y si la noche te aburre, acuérdate
porque allí estaré,
porque aquí te esperaré.
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