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martes, 7 de julio de 2009

Día 1: La noche que hubieron dos lunas llenas I

"Sufro el desgarro más hiriente cada noche, yo, que imagino, imágenes nítidas, realidades perfectas, a medida, donde disfruto de besos y caricias, de éxito, de aire bajo mis pies o incluso de un mar rojo, lo sufro cuando abro los ojos sin parar por el calor, los insectos y mi cuarto, mi cuarto cada vez más vacío, como todo, porque el vacío tiende a llenar. Me muevo pero no pienso, una luz roja y el silencio que pese a ser un buen compañero de cama, a veces me insulta y me hace gritar. El gesto se repite y vuelta a empezar, una y otra vez, hasta que me dejo llevar a un lugar donde nada importa.
Y en aquel lugar estuve, hasta que entró aquel gato, aquel gato negro que con con sus ojos amarillentos y brillantes miraba desde el escritorio. Había entrado por la ventana, y se había ido a recostar sobre mis partituras, en las que había trabajado toda la tarde, hasta el atardecer, aquel atardecer que había perdido. El gato auguraba que aquella noche la perdería también." - M.O.

domingo, 3 de mayo de 2009

Día 1: El músico y las nubes

"Siempre he pensado, que la diferencia entre este lugar, y cualquier otro es el atardecer. Cuando el sol se esconde tras una mágica montaña, que todos los años me llama, se despliega ante los ojos un auténtico y total espectáculo. El color del cielo, las nubes doradas y nada más en el horizonte que una pequeña línea irregular. Y esto se puede ver desde cualquier lugar de la ciudad, y esto es, sin duda alguna, lo especial de mi ciudad, la que tantos odian.
Sin embargo, ayer, y es lo que hoy no me deja vivir, no hubo atardecer. No hubo atardecer para mí. Y es que resulta, que en el preciso momento en el que el sol, tocó el horizonte, algo entró en mi cabeza." -M.O.