lunes, 3 de marzo de 2008

Las estrellas

La luna no está sola, también están las estrellas, puedo parecer un pesado, pero sólo hay que ver la imagen, adoro la noche. La gente se fija poco en las estrellas, cada día se les hace menos caso y ellas se marchan a donde se les preste más atención.
Pienso que una persona no ha disfrutado de ellas sin haber estado de noche en el monte, no critico a quien no lo haya hecho pero se lo recomiendo. Es uno de mis paraísos particulares. Pero me dejo ya de tonterías y voy a lo que he venido,y es a contaros una historia.
Esta historia me la contaba a mí mismco cuando era pequeño al ver las estrellas en el cielo. Nunca supe por qué pero me encantaba el espacio, desde pequeño, como a mi padre, él tenía un telescopio muy pequeño, lo adoraba. Quise ser astronauta, para estar más cerca de ellas. La historia que me contaba tenía que ver con una Princesa, una Princesa cuya piel era muy pálida. Por aquel entonces yo me imaginaba las estrellas como esferas grandes y consistentes que desprendían su luz característica, una luz agradable y amable para los que en la estrella estaban, un lugar precioso, sin duda.La Princesa poseía una de dichas estrellas,una de tantas. No vivía sola, se encontraba acompañada por su escaso séquito, y cuando era una niña pequeña la estrella le parecía infinita y el lugar mas placentero del espacio entero. La Princesa creció y empezó a pensar que vaya una estrella tan pequeña poseía, no podía ni tan siquiera tener un poco de intimidad, así que trató repetidas veces de viajar a otras estrellas pero eran todas tan lejanas que nunca las alcanzaba. Su séquito llevaba toda la vida en la estrella, desde que le empezaron a cuidar a ella y al contrario que ella, empezaron estando hartos de la estrella y ahora querían quedarse en ella, era el mejor lugar del espacio entero, así que no tenían intención de colaborar en las locuras de la joven Princesa. La Princesa no se rendía y lo consiguió, saltó fuerte, muy fuerte, muy, muy fuerte y llegó a una estrella de un tamaño diez veces el de la suya. Había una sirvienta esperándola, una sirvienta desconocida, claro está, pero fue buena y eficiente siempre, además de una buena amiga. Era el mejor lugar del universo. Sin embargo, al saltar, la Princesa había desplazado su anterior estrella, de forma que no podía volver a ella. No es que le interesara, al principio, porque era una estrella más insignificante. Sin embargo, la hechaba de menos, no es que quisiera volver para siempre, o eso pensaba, si no que quería visitarla. Con el tiempo fue a peor, no dejaba de pensar en ella, no sabía lo que había hecho. No dejó de intentar volver nunca.


N. del A.: Perdón por el atraso de la actualización. Pensad que esto era un cuento que me contaba de niño, no es gran cosa, no es una historia para recordar, pero me la repetía, para recordarla de mayor, sabía muy bien de lo que hablaba. Tengo que recordarme de niño para hacer las cosas mejor.

Foto: "Light Pollution" por "cestomano.com" visita su galería en: http://www.flickr.com/photos/cestomano/

3 comentarios:

JaYtO dijo...

Moraleja: más vale pájaro en mano que ciento volando.

Yo no tengo estrellas, pero tengo una luna como una casa en mi cuarto, y las estrellas, ya ves tu, las uso de pendientes.

Anónimo dijo...

:) Es simpática la entrada. PequeFer ya era guay eh? :P
Saludillos

akane dijo...

te encontré... ^^