martes, 7 de julio de 2009

Arena

Pues el otro día, estuve en la playa, de noche, con la vista más bonita del mundo delante de mí y el agua corriendo entre mis pies. Sentado en la orilla miraba el faro, que marcaba el ritmo de una sinfonía que nadie escuchaba, excepto yo, o eso quería creer. De pronto, un señor desnudo y con una importante barriga, se sentó a mi lado, hizo hueco con su culo y cogiendo algo de arena con sus manos, me dijo:
-¿Tú sabes quién se solía sentar ahí?
Y yo que había perdido los párpados después de verlo venir y sentarse, no contesté.
-Todas las noches, se sentaba ahí, un tipo que convertía todo lo que tocaba en arena, menos el agua y la propia arena, así que, pasaba su vida en la playa, haciendo esculturas y agujeros, los más grandes que jamás yo haya visto. Se sentaba ahí todas las noches y veía el ligero balanceo de una boya, que estaba lejos, muy lejos. Su vida transcurria tranquila, hasta aquella noche, aquella noche en la que apareció ella. Iba con un bonito vestido de playa y descalza, vestido que se quitó, dejó sus cosas en la arena y se tiró al mar, y nadó y nadó hasta la lejana boya. La chica se quedó allí, en la inmensa boya, observándole hasta que amaneció y volvió nadando a la orilla. Esto se repitió durante más de una semana, hasta que de pronto, un día, la chica le invitó a unirse, tendiéndole la mano. Él que no quería tocarla, le ignoró y de nuevo pasó una semana de la misma forma, sin embargo, algo iba cambiándo dentro de él, su deseo por acompañarla y su deseo por tocarla, aunque tan sólo fuese su mano.
Una noche llegó la chica, y él no estaba. A la noche siguiente, la chica llegó y el chico le esperaba con una barca, le dijo que le acompañaría a la boya, pero que debía ser en aquella barca, "¿Estás tonto? ¡Es una barca de arena! ¡Se deshará en cuanto toque el agua!" le dijo, dejando al chico con su barca y remos de arena, y esperándole en la boya. El chico no pudo más, y se lanzó al mar, nadó y nadó hacia la boya y la tragedia llegó. Exhausto, no podía apoyarse en la boya, no debía, y cada vez podía sustentarse menos, la chica le gritaba que se sujetase, le preguntaba que qué hacía, y ella no entendía nada, cuando no pudo más, empezó a hundirse, y la chica se lanzó a por él, a cogerlo. La chica se convirtió en barro, se deshizo y se hundió, como la boya, donde trató de sujetarse, para al fin tener que dejarse flotar, y dejar que la marea le llevará a la orilla. Llorando, cubrió las ropas de la chica de arena e imitó su forma con la arena encima de ellas, debatiéndose, rompiéndose por dentro, por el dolor de su muerte y por el placer de su tacto, que no duró más que un segundo, pero suficiente para ser lo mejor que jamás había sentido.
-Eso es muy trágico, por suerte, será una leyenda ¿no crees?- le dije.
-Lo que yo crea no importa- dijo levantándose con el culo lleno de arena.
-¿Por qué vas desnudo?-le solté sin más.
-Porque cuando conviertes las cosas en arena, tampoco puedes llevar ropa-y se fue caminando hacia el faro.

3 comentarios:

SerendipitY dijo...

Puede ser triste la historia, pero más bella imposible.¿Cómo puedes escribir así? ¿Te inspira tu perro comiendo yogures o que? jejeje.
Me has echo por unos momentos pensar que estaba realmente sentada en la arena y disfrutando de la brisa marina.
Besos!!

SerendipitY dijo...

¿Porqué ciudad? mmm... Me encanta andar sóla por la ciudad aunque también acompañada, observar a la gente cada uno con su mundo, admirar o criticar edificios, es más inesperada que un pueblo, siempre hay algo que desconoces de ella, tienes variedad en cosas que hacer, cultura, está más viva... mmm te he convencido? xD jejeje.. tu que prefieres?.. Aunque también depende de que ciudad eh? Sevilla es un buen ejemplo ^^.
CiaO!

A. dijo...

¿Te acuerdas de cuando escribías en el blog? Molaba, ¿eh? _*